Hace poco menos de un año, un colega de la profesión se enfrentaba a un concurso para una marca de tabaco, su agencia aceptó el reto con ilusión, pero no todo el equipo estaba convencido de ello. Mi amigo, exfumador militante era contrario a la publicidad –como saben ya muy restringida—de este producto y así lo comunicó a sus superiores, sin éxito, y con amenazas. El resto del equipo descontento, y poco ilusionado siguió adelante aún con reticencias. El debate estaba presente en la agencia pero nadie se atrevía a negarse al pedido. Desconcertante , ciertamente. Podríamos decir que el debate, en este caso ético, no era democrático y abrió una brecha de diálogo y búsqueda de hasta que punto los profesionales que trabajan en una agencia pueden negarse a trabajar en ciertos proyectos sin perjudicar su posición y profesionalidad. En mi opinión, debería valorarse este punto con mucho mimo , porque la base de comunicar, es creer e ilusionarse en la marca que representamos. Humildemente compar...
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