
Hace poco menos de un año, un colega de la profesión se enfrentaba a un concurso para una marca de tabaco, su agencia aceptó el reto con ilusión, pero no todo el equipo estaba convencido de ello. Mi amigo, exfumador militante era contrario a la publicidad –como saben ya muy restringida—de este producto y así lo comunicó a sus superiores, sin éxito, y con amenazas. El resto del equipo descontento, y poco ilusionado siguió adelante aún con reticencias. El debate estaba presente en la agencia pero nadie se atrevía a negarse al pedido. Desconcertante , ciertamente.
Podríamos decir que el debate, en este caso ético, no era democrático y abrió una brecha de diálogo y búsqueda de hasta que punto los profesionales que trabajan en una agencia pueden negarse a trabajar en ciertos proyectos sin perjudicar su posición y profesionalidad. En mi opinión, debería valorarse este punto con mucho mimo , porque la base de comunicar, es creer e ilusionarse en la marca que representamos.
Humildemente compartía con este profesional su preocupación por este punto , un punto que debería ser tratado desde sus inicios, porque, “todo vale?” , pues quizás no. Todo no vale, para este profesional , no vale algo en lo que no crees , como tampoco algo que crea desasosiego en tus creencias y valores, o algo que en tu portfolio te hace sentir incomodo, algo indefendible. Personalmente, se que hay unas cuantas marcas para las que no me gustaría trabajar, como por el contrario, las hay para las que prácticamente lo haría gratis, ello radica en la empatía partícipe de los valores que transfiere, que son la esencia a comunicar , no a “querer pintar de rosa algo azul” , solo porque el rosa está de moda. También mirar al futuro, ver que representa y como impacta esa marca en la globalidad. A pesar de que todo esto parece muy filosófico , me pregunto quien hoy en día tras los desastres de Birmania, se atrevería a aceptar un proyecto de difusión de la “marca Birmania”, especialmente la vertiente turismo, a sabiendas de los horrores que se viven, antes y después del desastre natural.
Se trata una vez más de aplicar el sentido común, de buscar los mejores recursos, y ser coherentes. Comprendo, que a veces no es posible elegir, pero debería plantearse la opción a hacerlo sin amenazas. Por el bien de las marcas, por el bien de las agencias y sus profesionales, es importante que se establezca esta comunión. Quizás por ello triunfan tanto las marcas que tienen evangelizadores, pero las hay que no , que siguen el cuento de los 3 cerditos, y al final escogen el disfraz adecuado. De todos modos sabemos que a los 3 cerditos ya no se las dan con queso, y me alegro, pero animo a todos los profesionales de nuestro sector a plantearse este debate, a ser sinceros con el contenido de lo que deben comunicar.
Comments
Estas dos paabras ,Ana , INCOMO e INDEFENDIBLE trasnmiten el mismo sentimiento que tengo yo al leer tu articulo / al pensar si todo vale ?
Si podemos ser conscientes de lo que hacemos y hacemos Lo que hay que hacer tras haber despojado todos las excusas del Ego , tenenmos que sentinos comodos es podemos defender lo que hacemos , asi que no , no todo vale .
lili-coptero 28.06.09
Evidentemente será el dueño de la agencia de publicidad quien decida que proyectos aceptar y los empleados acatar la decisión. En este caso lo importante es saber para que agencia se trabaja. Por lo general se impone la solución: "sin escrúpulos" o seguir ganando dinero, ya que al fin y al cabo, si no lo hace una agencia, lo hace otra. En todos estos casos lo más práctico es que esté prohibido por ley, como en parte ya lo está.
Un abrazo
Pero bueno, a fin de cuentas, no es más que Publicidad y fíjese, qué curioso que en este mundo, no se habla de creadores sino de creativos.
Un saludo y, no se venda.