
Estamos de acuerdo que un momento crítico como bautizar nuestro producto, serie, servicio o hijo es importantísimo , será un legado usado por miles de voces, que se asentará en el imaginario y con fortuna perdurará.
Elegir ese nombre, es típicamente incierto y difícil de comprender para los que nunca han pasado por un proceso de naming…., el cual, idealmente debería tener un tiempo de madurez, como los embarazos…, bueno 9 meses es una exageración, pero seguro que saben de algún caso que nació la criatura y a la semana seguía sin nombre.
En las marcas, la consciencia es alta en la elección de esos nombres, porque sabemos el peso que implica su repetición, su transferibilidad y su intemporalidad, si es posible. Para los grandes egos siempre fue fácil llegar y bautizar a sus “hijos” tal cual : Ford, Estee Lauder, Tate , St. Petersburgo, Ben & Jerry…etc, luego los hay que disimulan con aficiones o amantes: Mercedes, Jaguar, o el nombre de Starbucks , inspirado en un personaje de Moby Dick – árabe por cierto--
En la búsqueda de nombres, cuando llegan los briefs deberíamos deshacernos de complejos, fíjense en marcas como Apple, un nombre suculento que Steve Jobs cogió al viento tras su experiencia trabajando en una granja. Lo cierto es que requieren tiempo, pero a veces no lo tenemos. Por supuesto deberíamos refrescarnos la memoria en 10 cosas que jamás deberíamos hacer en este ejercicio: nombres demasiado largos, nombres que crean confusión en otras lenguas, nombres que no hemos pensado lo suficiente, no investigar, no considerar el futuro, usar nombres propios de los fundadores –no recomendable—, como nada recomendable fue el nombrar a un coche ASCO by Toyota , menos mal que no vio la luz.
Nuestra marca queremos que sea fácil de recordar, única, que no lleve a confusión, luego, recomiendo contratar un profesional que nos ayude al proceso creativo y voilá todo fluirá debidamente, sino siempre nos quedará París, y nuestro nombre propio, pero yo no me arriesgaría.
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